¿Alguna vez os habéis quedado sin móvil, así, de repente? Qué gozada, joder, de vuelta a la antigua libertad, sin tener a nadie dándote el coñazo a través de impulsos electromagnéticos que llueven desde el espacio. Como ya estoy entrando de lleno en los cuarenta yo sí que me acuerdo de cuando podías ir a dar una vuelta tan tranquilo, con las manos en los bolsillos, sin tener encima esa espada de Damocles que es la localización inmediata vía teléfono celular.
Otra herramienta de control. Otra herramienta de lavado de cerebro. Si creéis que exagero, no tenéis más que echar un vistazo a vuestro alrededor y a las caras de desesperación, al nerviosismo de los adolescentes que se quedan sin saldo. Puarggh… demencial, no saben vivir sin el dichoso aparato. Tiene una explicación científica, claro, como todo, referente a los Fundamentos Biológicos de la Conducta y el gregarismo durante los cambios intelectuales como mecanismo de defensa contra el desamparo, pero hoy estoy demasiado vago como para meterme en follones intelectualoides. Y, además, a vosotros os va a importar una mierda mis explicaciones.
Al turrón.
Están acabando con la raza humana. Ya no hay relaciones de tú a tú, ni cogidas de culo discotequeras, ni piropos gilipollas que, en el fondo, alegren el día de las señoras y señoritas. Ahora, todas las interacciones humanas siguen una tendencia que, miren de una vez a su alrededor, coño, nos está obligando a establecer coyunturas mediante dispositivos electrónicos. Móviles, MSN, Skype, Second Life, AOL, muy pronto Life 2.0 para la PlaySation 3… una absoluta aberración. ¿Dónde han quedado aquellos ligones de pacotilla que recibían alegres bofetadas en sus mejillas? ¿Dónde el roneo de las chicas, dónde sus caídas de párpados y sus sonrisas pícaras?
Yo, desde esta humilde célula cibernética, ataco desde dentro. Y me cago en los muertos de todos los dispositivos electrónicos unidos.
Ea, a pelarla.